POEMA
DEL NO
Me decías que no. Por tu mirada
pasaban
barcos lentamente. Había
gaviotas
en tus ojos, en tus blandos,
oscuros
ojos grandes,
donde iba
cayendo la amargura
como un
anochecer de altas sirenas
en los puertos
del Sur.
Me decías
que no serenamente.
Era un no original, que ya existía
antes que
tú, que hablaba por sí mismo
mientras
que tú, impotente, absorta, fijos
en mí tus
ojos, lo sentías vivo,
palpabas
su raíz por tus adentros.
Era un no
adivinado,
mudo, pesadamente
silencioso.
Tu duro cuerpo tibio
me decía
que no, sin causas, iba
replegándose,
como
si volviese
a la infancia. Tú no eras.
Me decías que no, y en tu mirada
cabalgaba
un dolor que yo diría
maternal.
Un dolor implorando
comprensión.
Un no de contenida
pesadumbre,
pero total, abierto,
levemente
asomado
a las playas
del llanto.
Me decías
que no lejana, sola,
terriblemente
sola, maniatada,
sin un porqué
donde apoyarte, pero
era no,
era no, sin gritos, no...
Los puertos, las sirenas,
los barcos
en la noche, todo iba
perdiéndose,
alejándose.
Yo, delante
de ti, triste, abatido.
(1965) De "Los vientos"
CADA MAÑANA
Cada mañana el mismo
asombro, siempre nuevo:
el ver lo natural
que es para ti tu cuerpo.
Consabidas minucias
del rito del aseo,
que imperceptiblemente
elevas al misterio.
Desde mis ajimeces
vigilo tus linderos:
revuelas como un ángel
sobre tus mismos pechos.
Tu humedad se disputan
la juncia y el espliego.
¡Ay, frescura de aljibe
y calor de sesteo!.
En mis blandas murallas
aprisionado, veo
el hábito sencillo
que tienes de tu cuerpo.
Resuelves la materia
en puro movimiento;
cada escorzo insinúa
un ritmo en el espejo.
El repetido aire
que modela tus gestos,
es en ti cristalino
pero en mí es espeso.
De tu cuello desnudo
nace un hondo venero;
de tus brazos en alto,
la mimbre de tu pelo.
Al alba, cuando mido
tu distancia, no entiendo
la natural costumbre
que es para ti tu cuerpo.
(1967) De "Los vientos"
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