UN
GESTO PARA EL QUINTO ANIVERSARIO DE TU MUERTE
He
venido hasta aquí, por ver si el polvo
de lo que
tanto amé,
por ver
si esto que queda, que no es nada,
de lo que
tanto amé,
por ver
si la corpórea cercanía
de un deshecho
perfil amable, ay,
tantas veces
descrito por los besos,
de unos
huesos o, acaso, de un vestido
que yo oprimía
junto con tu brazo,
por ver
si la certeza renovada
de este
silencio en torno,
puede ponerle
playas
a mi dolor,
puede aún levantarse
como rocoso
límite concreto
en donde
rompa mi dolor.
Aquí, donde la nada se amontona
y el jaramago
crece en los vacíos
que dejó
el pensamiento.
Aquí, donde
los muertos, ordenados,
como puestos
para secar y siempre
inútilmente
cerca
como las
cosas entre sí, no tienen
tiempo ya
para hacer, tampoco para
dejar de
hacer aquello que podría
ser comunicación,
amor acaso.
Aquí, donde
hasta el viento se arrincona,
después
que el bieldo separó del grano
esto que
sólo es paja,
aún menos
que el polvillo de la paja.
Aquí, donde
se asoma
la otra
mano de Dios, la que sostiene
la esponja
que nos borra,
donde la
sombra sube
resumida
en ciprés, pues de otro modo
no cabría
en los cielos, ni en los hombres.
He
venido hasta aquí, porque es domingo
y las calles
con sol y las placetas
se llenan
de muchachas
recién lavadas,
blancas, y no puedo
con tanta
vida, hoy que te recuerdo.
He venido
porque los niños crecen
y crece
el matorral y la luz crece
y lo bueno
y lo malo crece, y todo
se expande
y gira en torno de este punto
de dolorosa
calma detenida.
He venido
hasta aquí, sin más motivo
que el que
tuviera de asomarme a un pozo
tan sólo
porque es hondo
o el de
sentarme quedo junto al mar
porque es
el mar. Y ahora
me pregunto
si al cabo de este llanto,
si al cabo
del dolor, no habrá un poquito
de tierra
nada más, de alguna imperceptible
materia
tuya, que traspase el mármol
para tocar
mi piel, para rozarme
levemente
el cabello.
Porque nunca
he querido
entender
el amor sin una forma
de tacto.
No he podido
renegar
de este cuerpo que me diste.
He
venido sin flores y sin luto.
He venido
a fumarme este cigarro
delante
de tu muerte;
solamente
un cigarro, por aquello
que fue
una gran borrasca de ternura.
(1965) De "Tercer gesto"
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