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Algunas referencias críticas
(Ordenadas cronológicamente)
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Federico
Carlos Sáinz de Robles: "Al margen de los
libros". Diario Madrid.
Madrid, 13 de febrero 1958. |
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José-Miguel
Ullán: "Canto a la esposa". El Adelanto. Salamanca, mayo de 1963. |
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Melchor
Fernández Almagro: "Palabra, gesto, silencio".
La Vanguardia Española.
Barcelona, 9 de diciembre 1965. |
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Guillermo
Díaz-Plaja: "Hombre en paz". ABC. Madrid, 5 de mayo 1966. |
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Angel
Valbuena Prat: Historia de la Literatura Española. Tomo IV. Editorial Gustavo Gili
S.A. 8ª edición. Barcelona, 1968. |
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José
Luis Ortiz de Lanzagorta: "Aproximación
a los 'Límites' de Rafael Guillén". El
Correo de Andalucía. Sevilla, 17 de diciembre 1971. |
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Emilio
Miró: "Rafael Guillén". Insula, nº 311. Madrid, octubre 1972. |
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Carlos Muñiz-Romero.
Seis poetas granadinos posteriores a García Lorca. Biblioteca de Escritores
y Temas Granadinos. Miguel Sánchez Editor. Granada, 1973. |
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Carlos
Muñiz-Romero: "Introducción a la poesía
de Rafael Guillén". Prólogo a la Antología
Poética (1953-1970). Publicaciones de la Universidad
de Sevilla. Colección de Bolsillo, núm. 19. Sevilla, 1973 |
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Fanny
Rubio: "Rafael Guillén, poeta de posguerra".
Diario Ideal.
Granada, 11 de noviembre 1973. |
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Emilio
Miró: "Tres poetas del Sur". Insula, nº 338. Madrid, enero 1975. |
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Juan
de Dios Ruiz-Copete: "Rafael Guillén: un
libro y una ejecutoria poética". Litoral,
nº 85-86-87 (monográfico dedicado al poeta). Torremolinos
(Málaga), julio 1979. |
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Enrique
Molina Campos: "La elocuente sabiduría de
Rafael Guillén". Nueva
Estafeta, nº 13. Madrid, diciembre 1979. |
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José
Luis Cano: "Un tema en la poesía de Rafael
Guillén: la erosión del tiempo en el amor". Poesía española en tres tiempos. Editorial Don Quijote. Granada. |
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Mª.
del Pilar Palomo: "Poetas de los cincuenta".
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XX (desde 1939). Editorial Taurus. Madrid, 1988 |
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Julia Uceda:
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Pilar
Gómez Bedate: "La poesía española de postguerra
(1940-1970)" Historia
de la Literatura Española. Vol. II. Ediciones Cátedra,
S.A. Madrid, 1990 |
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Elena
Barroso: Poesía
Andaluza de Hoy (1950-1990). Biblioteca de Cultura
Andaluza. Editoriales Andaluzas Unidas, S.A. Sevilla,
1991. |
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Antonio Buero Vallejo: "Rafael Guillén".
Obra completa. Tomo II. Espasa Calpe. Madrid,
1994. |
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Antonio
Gallego Morell: "Rafael Guillén". Diario
Ideal. Granada,
15 de noviembre 1994. |
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Ramón
Oteo: "La puridad de la materia en la poesía
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Angel
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Salamanca, 1995. |
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Francisco J. Peñas-Bermejo: "La
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Julia
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la poesía de Rafael Guillén". Prólogo a La
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Edita Sdad. de Cultura Valle Inclán. Col. "Esquío".
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Antonio
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Manuel
Jurado: "Recuperación de lo perdido".
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Antonio
Acosta Gómez: "Entre el fuego y el humo".
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Francisco
J. Peñas-Bermejo: "El asedio a los límites
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1998. |
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Juan
Cobos Wilkins: "La materia hialina de Rafael
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Col. Educación XXI (Pensamiento, nº 7). Consejería de
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Jesús Bregante: "Literatura española (Diccionario Espasa). Madrid, 2004 |
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Antonio Sánchez Trigueros: "Rafael Guillén en el carmen Rodríguez-Acosta ", en La pluma en el dintel. Universidad de Granada (Biblioteca de Bolsillo). Granada, 2008. |
Rafael Guillén me parece poeta
más propenso a lo hondo que a lo episódico y colorista. Tiene
y transmite inquietudes fundamentales de sensibilidad y de
alma; hace de su lirismo sugerencia y no plasticidad, y delata
la noble obsesión con que va esclareciendo sus ideas e ideales
para integrar con ellos la ejemplaridad de su confesión.
Federico Carlos Sáinz de Robles: "Al margen de
los libros". Diario Madrid.
Madrid, 13 de febrero 1958.
ARRIBA
Emocionado conceptismo, anclado en un espíritu de fabuloso
contenido expresivo. Verso ancho, desligado de límites inútiles,
pero preciso... Polemizar ante la nueva poesía puede aportar
dudosos tantos al valor crítico. Pero siempre he preferido
silenciar en su totalidad lo que no me es grato, sin prestarle
atención. En Rafael Guillén puedo hablar con satisfacción.
Hallo en él una altura cabal, una expresión feliz a cada paso,
un rigor poemático llevado con ritmo dolido, que se desliza
sentidamente.
José-Miguel Ullán: "Canto a la esposa". El Adelanto. Salamanca, mayo de 1963.
ARRIBA
Su poesía posee la fuerza expansiva que le comunica
ese repertorio de asuntos, culminantes en una depurada espiritualidad,
comunicable en principio y comunicada de hecho por la transparencia
de la palabra y su inserción en cristalina frase. El lenguaje
figurado, tan frecuente, por no decir consustancial, en todo
poeta de calidad, no enturbia la diáfana expresión. Ya que
hablamos concretamente de "El gesto", se hace perfectamente
lógica la alusión a los recursos expresivos cuyo íntimo sentido
estriba, cuando se logra, no en la palabra misma, sino en
ese algo que no suena, por definición, y que sin embargo halla
en lo más profundo del ser adecuada expresión.
Melchor Fernández Almagro: "Palabra, gesto, silencio".
La Vanguardia Española.
Barcelona, 9 de diciembre 1965.
ARRIBA
A mí me parece que uno de los elementos-clave de la
temática lírica de Rafael Guillén es el "gesto":
es decir, la materia en cuanto es capaz de una actitud. El
hombre, el prójimo, se significa por su gesticulación: sería
interesantísimo aportar -pero alargaría en exceso- ejemplos
de la valoración del gesto en esta poesía, que va desde el
ademán fraterno, que aproxima, al movimiento que se aleja,
que es el morir.
Guillermo Díaz-Plaja: "Hombre en paz". ABC. Madrid, 5 de mayo 1966.
ARRIBA
En este lema (Mujer, límite y fuga, y silencio de Dios)
considero inscrito a uno de los mejores poetas actuales, Rafael
Guillén, nacido en 1933 -centenario de Cristo- y en Granada...
Por todo lo apuntado, desde su amor humano, tanto en límite
como en fuga a esta inquietud metafísica, y por el dominio
expresivo y formal, Guillén es un verdadero
y constante poeta, y una plena representación de lo
individual en la circunstancia de toda una época.
Angel Valbuena Prat: Historia de la Literatura Española. Tomo IV. Editorial Gustavo Gili
S.A. 8ª edición. Barcelona, 1968, pág 1109 a 1113.
ARRIBA
El "Estado de Palabra", para Rafael Guillén,
se produce al contacto con una "marejada", con una
"lluvia", con un "velo de agua", "bruma"
o "mano opaca"... Proceso intuitivo donde las palabras
significan algo más que objeto, el sentido incontenible de
su objeto... Intuición poética, por tanto, que en Guillén
(moderadamente barroco en la forma, andaluz oriental y sobrio)
se fundamenta en esencias conceptuales. Ahora bien, la identificación
de estos valores significativos (el uso de la expresión poética
en ellos contenidos), adquieren en Guillén categoría técnica
de poeta de gran aliento. Una, digamos, sabiduría idiomática,
quizás en parte sin predominio de lo consciente, pero que
hace evidente su instinto -su lúcido instinto- para articular
la sustancia misma de la expresión. Un olfato, un rastreo,
un asedio del signo lingüístico fundido, articulado más allá
de su objetivo instrumental, a ese sentido incontenible que
decíamos antes, transciende el objeto mismo que la palabra
menciona.
José Luis Ortiz de Lanzagorta: "Aproximación a
los 'Límites' de Rafael Guillén". El
Correo de Andalucía. Sevilla, 17 de diciembre 1971.
ARRIBA
Dividido en cuatro partes -"Céfiro", "Noto",
"Euro" y "Bóreas"-, cada una abierta con
sendas citas de Homero y Góngora, Los vientos se arropan en ese universo
de la cultura occidental, de la tradición literaria que llamamos
clásica o greco-latina. Pero la palabra del poeta de hoy surge
directa, inmediata, con sabores y olores de su sur nativo,
y construyendo un poemario de amor. En la fusión de ambas
realidades reside lo más personal y logrado de este libro...
Léxico concretísimo que está siempre equilibrando el tirón
del intelectualismo, de una cierta abstracción a la que puede
propender la meditación y el análisis del amor, de la complejidad
del hecho amoroso... La realidad, la presencia de la carne
alcanza en Los vientos algunos de los mejores momentos de
la poesía española de estos años. El poema VI de la tercera
parte puede servir de admirable ejemplo (sexta estrofa). Y
a continuación, uno de esos versos magistrales, estremecedores,
que nos dan ellos solos a un poeta de cuerpo entero, de verdad:
Yo palpaba tu abrazo por mis alrededores,
pero el amor no estaba
donde estaba tu abrazo.
Emilio Miró: "Rafael Guillén". Insula, nº 311. Madrid, octubre 1972.
ARRIBA
Rafael ni huye ni se queda, asciende. Se levanta hacia
arriba. Mira desde lo alto. Se nos sitúa en los límites.
Federico decía que la más exacta definición de Granada es
aquello de Pedro Soto de Rojas: "paraíso cerrado para
muchos". Tal vez, desde los versos de Guillén, más a
vuelo de águila, podamos, al menos, entender los sumos lizos
maestros, las constantes fundamentales, las coordenadas en
que se ha ido haciendo, con los valores de cada día, esta
gráfica dolorida y airosa que es la poesía granadina posterior
a García Lorca.
Carlos Muñiz-Romero. Seis poetas granadinos posteriores a García Lorca. Biblioteca de Escritores
y Temas Granadinos. Miguel Sánchez Editor. Granada, 1973,
pág. 71.
ARRIBA
El poeta, a punto de cumplir los cuarenta años....
ha pasado por una primera época de regodeo en la palabra,
una segunda época de predominio de lo que él llama imagen (y que es un pespunteo obstinado
de ráfagas de luz) y una tercera época de creación de climas.
Ahora se halla, a partir de Los
vientos (editado por "Revista de Occidente) y de
Límites (editado
por "El Bardo"),en una cota inaccesible a la mayoría,
en esa extraña altura de lo que llamaremos "el aliento
poético"... Las otras clasificaciones de su poesía, según
la temática (amorosa, social, existencial-metafísica) son,
para Rafael, menos reveladoras de su actitud existencial.
De todos modos, creo que tienen su importancia.
Carlos Muñiz-Romero: "Introducción a la poesía
de Rafael Guillén". Prólogo a la Antología
Poética (1953-1970). Publicaciones de la Universidad de
Sevilla. Colección de Bolsillo, núm. 19. Sevilla, 1973, pág.
5 a 24.
ARRIBA
Lo singular de Rafael Guillén a sus veinte años, es
que, aun conociendo la existencia de este movimiento ("el
destino social de la poesía") y la dinámica de esta poesía
dirigida... se entregaba fundamentalmente al monólogo reflexivo,
a la experimentación con los elementos tradicionales del poema.
Lo singular de Guillén era que sin quemar etapas alternaba
sus sonetos de amor con el poema "descosido". Esta
complejidad lo libró de seguir modas literarias, construyendo,
a base de convicciones progresivas, la imagen de un poeta
autónomo, sin seguidismos oportunistas, aunque limitado -como
todos- por las coordenadas socio-culturales del medio... Que
en Granada hubiese un poeta capaz de ser consciente de su
problema, y que además lo expresase, en aquellos años en que
el panorama cultural de provincias no sólo no era crítico,
sino ni mucho menos floreciente... dice mucho frente al marasmo
de promoción estética en que estaban implicados los seguidores
de una poesía optimista, de creencia... El año 1964 es una
fecha clave para la poesía de Rafael Guillén. Gesto segundo y Tercer gesto dan la medida de compromiso del poeta. Es este mismo
año cuando desde Granada, como tantas provincias desconectada
del penúltimo viento literario, la poesía de Rafael Guillén
tiene conexiones palpables con aquella Poesía
última que bajo la dirección de Ribes recogía la voz de
Cabañero, Claudio Rodríguez, Sahagún, Caballero Bonald, López
Pacheco y Goytisolo.
Fanny Rubio: "Rafael Guillén, poeta de posguerra".
Diario Ideal. Granada,
11 de noviembre 1973.
ARRIBA
La lengua poética de Rafael Guillén ha evolucionado
en este sentido, se ha ido haciendo más necesaria y justa,
más intensa y complejamente intelectual, conceptual, sin perder
por ello su riqueza y su calidad, su sabor y sus brillos;
pero algunos de éstos, los más superficiales y gratuitos,
se han ido eliminando, han ido dejando terreno a una exactitud
significativa, a unos signos de mayor calado. Se ha vuelto,
además, el poeta sobre el propio lenguaje, sobre la misma
creación poética, sobre el proceso pensamiento-expresión o
lenguaje y pensamiento. Su libro Límites -que lleva al frente estas reveladoras palabras: "Crear,
en arte, es forzar los límites de lo perceptible"-, y
muy especialmente los dos primeros poemas, me parecen testimonios
evidentes de esta madurez creadora, de esta cada vez mayor
ambición poética de Rafael Guillén, quien
aborda la realidad -como la más importante poesía de
nuestro tiempo y de todos los tiempos- en toda su amplitud,
en la fecunda alianza de la razón y la imaginación, sin desdeñar
la insondable penumbra del misterio.
Emilio Miró: "Tres poetas del Sur". Insula, nº 338. Madrid, enero 1975, pág.
6.
ARRIBA
Con principio en sí mismas o consecuencia de procesos
artísticos anteriores, en la década de los sesenta se van
a imponer con carácter hegemónico dos tendencias fundamentales:
la esteticista y la social. A grandes rasgos ésta es la gran
disyuntiva ante la cual ha de plantarse Rafael Guillén al
entrar en la poesía. ¿Qué pasa entonces? ¿Optará por una de
ellas, la social, que parece más espectacular y más propia
de los temperamentos jóvenes, o se dejará arrastrar por la
otra -la estética-, tremenda tentación para las sensibilidades
sometidas al tironazo meridional? Aunque una aproximación
eventual a su obra de entonces pueda inducir a la creencia
de que optó categóricamente por una tendencia determinada
-desde una cierta perspectiva evidentemente la social, desde
otra la estética, sin duda- es lo cierto que se quedó entre
ambas, que logró una equidistancia que le permitió extraer
de ambas, de cada una de ellas, su carácter esencial, y con
esos materiales ambientales, sobre una estructura muy personal
-una concepción de la poesía sobre la palabra, la imagen,
el aliento y el clima- se aplicó sin prisa, serenamente, a
construir su propio edificio poético.
Juan de Dios Ruiz-Copete: "Rafael Guillén: un libro
y una ejecutoria poética". Litoral,
nº 85-86-87 (monográfico dedicado al poeta). Torremolinos
(Málaga), julio 1979.
ARRIBA
Pues bien, la situación existencial que acabamos de
ver en sus tres componentes principales (el abanico de temas
de Moheda no se
agota con los que he esbozado) provoca y conduce un estado
de ruptura con el discurso lógico en que hasta ahora se había
venido formulando la poesía de Guillén... Es una ruptura que
abarca lo semántico, lo sintáctico y lo estructural del poema.
En lo semántico, hay una renovación fundamental del léxico,
con entrada de abundante vocabulario rural andaluz y, a la
vez, de materiales intelectuales y abstractizantes; hay también
neologismos por composición y por derivación, así como la
sustantivación de grupos nominales y de predicados verbales,
y la adjetivación
de sustantivos. En lo sintáctico se tiende a la interrupción
del desarrollo oracional y, muy intensamente, al entrecruzamiento
de oraciones paralelas, con lo que, unido al empleo casi constante
de las diversas formas del interrogativo, la expresión se
hace balbuciente, cortada, desconexa. De hecho se constituye
un tipo de efusión caótica que sólo aparentemente se aproxima
al irracionalismo o a lo surreal, pues está dispuesta con
visible orden intelectual, no exento, a veces, de hermetismo.
El poema, que en general mantiene la forma métrica habitual
en los últimos libros de Guillén, suele estar estructurado
de la manera siguiente: un plano real "relativo"
en el que figuran incluso nombres propios, un plano absoluto
en el que se expone (poéticamente, por supuesto) el "proyecto"
metafísico, y un plano medio, traslaticio, en el que lo concreto
transciende y funde realidad relativa y absoluta. El procedimiento
es complicado, y su estudio, juntamente con el estudio de
las apoyaturas semánticas y léxicas en que se articula, exige
un trabajo de mucha más envergadura que el presente.
Enrique Molina Campos: "La elocuente sabiduría
de Rafael Guillén". Nueva
Estafeta, nº 13. Madrid, diciembre 1979, pág. 92 a 95.
ARRIBA
Al frente de su libro Donde
habite el olvido, escribe Cernuda: "¿Qué queda de
las alegrías y penas del amor cuando éste desaparece? Nada,
o peor que nada; queda el recuerdo de un olvido...".
Rafael Guillén, en cuya poesía el tema amoroso es uno de los
más frecuentados, no podía menos de hacerse también esta pregunta,
y él mismo se contesta en un extraordinario poema de su libro
Límites (Col. El
Bardo, 1971), para mí quizá el mejor de los suyos. Me refiero
al titulado Donde sonó
una risa. Donde vivió el amor y sonó una risa, nos dice
el poeta, no queda sino el hueco, la nada ("Donde saltó
la vida y luego nada"..."Donde sonó una risa queda
un hueco, / un coágulo de nada..."). El tema del poema
es, en efecto, el hueco como símbolo de lo que deja el amor
al marcharse (no como símbolo -tal en Poeta
en Nueva York de Lorca- de la falta de la verdad, de autenticidad
en el hombre). Pero el hueco, en el poema de Guillén, no es
sólo el vacío, la nada, sino también una serie de cosas, a
veces metaforizadas, que flotan como recuerdos, o acaso como
elementos oníricos relacionados con la aventura de aquel amor.
José Luis Cano: "Un tema en la poesía de Rafael
Guillén: la erosión del tiempo en el amor". Poesía española en tres tiempos. Editorial Don Quijote. Granada, 1984,
pág. 197 a 202.
ARRIBA
Límites es, probablemente, el libro más coherente y denso
de búsqueda
-en las cosas,
en los gestos- existencial
de Rafael Guillén, que alcanza a desarrollar en sus páginas
una teoría poética del conocimiento, sustentada en la intuición:
¡Enemiga razón, que
así rechazas / los dones gratuitos!. Pero el libro cierra,
en cierto modo, el ciclo iniciado con El
Gesto. Tras él Guillén permanecerá en silencio hasta la
publicación de Moheda en 1979, en donde el poeta, transido
de vitalismo, como una muy distinta forma de conocimiento,
se funde con las cosas, se empapa de realidad -¿posesión definitiva
de su misterio?- hasta sentir cómo penetra
el mundo por la piel. Parece como si a la etapa intuitiva,
de aproximación, hubiese sucedido la etapa unitiva de éxtasis
amoroso, que precisa, como toda mística, la expresión lingüística
nueva que comunique lo inefable. Porque Moheda -y los libros o poemas que lo rodean-
es en sí un universo poético nuevo. Nuevo y extraordinario.
Mª. del Pilar Palomo: "Poetas de los cincuenta".
Historia Crítica de
la Literatura Hispánica. Vol. 21. La poesía en el siglo XX
(desde 1939). Editorial Taurus. Madrid, 1988, pág. 139.
ARRIBA
El término gesto
podría significar actitud moral, pero en Guillén denota acto
o movimiento del cuerpo. Para que éste se perciba como tal,
necesita un espacio en el que realizarse y unos ojos que lo
reconozcan en el espacio y en el tiempo. Gesto arrastra, además,
la connotación de masa, de volumen y por tanto de forma. Su
opuesto es lo hueco -ya señalado en la introducción (de Los
alrededores del tiempo) por José Luis Cano-, la oquedad
como vacío más que como espacio, a la que el poeta da también
realidad visual y temporal. Gesto y oquedad se constituyen
así en símbolos personales del poeta granadino... El tiempo
sería un punto imaginario del que parten y en el que convergen,
al mismo tiempo, infinitas direcciones -lo que tal vez nos
llevaría a concluir que su movimiento sólo está en nosotros-,
hipótesis que estudiará en los trece poemas de Variaciones
temporales.
Julia Uceda: "La poesía de Rafael Guillén".
Insula, nº 514.
Madrid, octubre 1989.
ARRIBA
Para poder dotarlo (al nombre generacional de los cincuenta)
de un significado más preciso y pleno, así como para liberarlo
de las contradicciones internas a que está sometido, resultaría
útil el aplicarlo, con intención cronológica, a todos los
poetas que durante la década de los 50 dejaron constancia
de una voz madura y personal. Ello haría posible explicar,
por ejemplo, la adscripción de Francisco Brines, Alfonso Costafreda
y Claudio Rodríguez al "grupo poético de los años 50"
que estableció García Hortelano y, por otra parte, resolvería
el problema de la catalogación de poetas valiosos que a causa
de las dificultades de publicación o difusión de los años
de la postguerra, o de la peripecia de su vida, no han tenido
acceso hasta recientemente (o no lo han tenido aún) a un amplio
público lector, tales como los ya aparecidos en estas páginas
o los hasta ahora no citados: Alfonso Canales (n. 1923), Manuel
Alvarez Ortega (n. 1923), Eladio Cabañero (n. 1929), Carlos
Murciano (n. 1931), Rafael Guillén (n. 1933), Joaquín Marco
(n. 1935), Jesús Lizano (n. 1931) y Rafael Soto Vergés (n.
1937). Es decir, poetas entre cuyas obras no existe el lazo
de una estética común pero que pueden señalarse como representativos
de distintas tendencias con las que es posible enlazar las
obras posteriores de autores más jóvenes para hacer evidente
la existencia (y la persistencia) de las corrientes de los
años 50-60, que van a enlazar con las de los 70-80 siguiendo
un juego de afinidades electivas que la periodización de la
literatura en generaciones soslaya muchas veces.
Pilar Gómez Bedate: "La poesía española de postguerra
(1940-1970)" Historia
de la Literatura Española. Vol. II. Ediciones Cátedra,
S.A. Madrid, 1990, pág. 1219.
ARRIBA
Si parece evidente que sería de dudoso rigor afirmar
que los poetas andaluces de los 50, poderosas individualidades,
forman un grupo homogéneo, no es menos evidente que se pueden
abstraer ciertos elementos comunes en su obra, pues hay en
la serie poética por ellos creada cierto grado de cohesión
interna que se superpone a la clara -y lógica- diferenciación
individual... Entre ellos no pueden dejar de señalarse: a)
La síntesis de vitalismo, sensualidad y actitud meditativa
ante los problemas relacionados con la dimensión transcendente
(Alfonso Canales, José Manuel Caballero Bonald, Manuel Mantero,
Aquilino Duque, Vicente Núñez, Rafael Guillén)... d) La indagación
también sobre las posibilidades de rendimiento poético-funcional
del lenguaje. Puede guardar estrecha vinculación con la anterior:
experiencia vital y experiencia lingüística indisolublemente
unidas. Suele desembocar en un barroquismo expresivo -si bien
éste se manifiesta con grados y matices diferentes- que genera
la incorporación de referencias intertextuales, culturalistas
(José Manuel Caballero Bonald, Rafael Guillén, Fernando Quiñones,
Manuel Mantero, Aquilino Duque, Julio Mariscal).
Elena Barroso: Poesía
Andaluza de Hoy (1950-1990). Biblioteca de Cultura Andaluza.
Editoriales Andaluzas Unidas, S.A. Sevilla, 1991, pág. 18-19.
ARRIBA
"Todo lo bello es triste mientras exista el tiempo",
ha dicho Rafael Guillén en uno de sus más hondos poemas. Cierto.
Mas esa belleza nos redime, nos permite "ser un instante"
libres del melancólico perecer de cada segundo... Releo, aquí
o allá, versos vivísimos, y me parecen recientes conocidos.
Los que se refieren a las calles del Albaycín, por ejemplo,
que "van todas para abajo y ninguna para arriba";
los de aquel perro "que se detiene, pensando si va o
si viene"; la inesperada greguería de los "cipreses
de caramelo / para el cielo de la boca". O aquellos otros
de El gesto, pozos humanos donde todos podemos
mirarnos, como los que dicen: "Mil años esperé frente
a mi puerta / y yo, que estaba dentro, no me abría".
Paso a otro libro y encuentro esta singular luz: "Medidme
por las cosas que no tengo". Hoja tras hoja se suman
los destellos: de pronto, "contra la esquina, un viejo
de madera / lía otra vez la vida en el cigarro". Y agazapada
en los rincones de poemas y libros, una palabra recurrente:
"nada". Puesta con tacto finísimo, de paso y como
quien no quiere la cosa, forma una recatada cadena de estremecimientos
sin retórica: las trémulas vértebras que ocultan la médula
del poeta.
Antonio Buero Vallejo: "Rafael Guillén". Obra completa. Tomo II. Espasa Calpe. Madrid,
1994, pág. 1038 a 1040.
ARRIBA
Desde su espléndido mirador albaycinero de la calle
Carro -Azoteas en cal de Los papeles
del Carro de San Pedro-, Rafael Guillén alcanzó ayer el
Premio Nacional de Poesía...Sin aspavientos, sin ninguna boutade
al uso de las letras de hoy, sin ridículos alineamientos,
sin vociferar, sin apenas hacerse notar hoy triunfa un poeta
que lo ha sido y lo es de cuerpo entero. Como lo fue en el
otro siglo de oro en que vivieron los clásicos el difícil
canónigo de la Colegiata del Salvador que, pese a su fama
de ingenuo retraído, acudió a las academias de Madrid en los
días de Lope en que casi los poetas llegaban a las manos.
Este Rafael Guillén, el de la calle del Carro albaycinera,
no llegaría nunca a las manos con nadie y ni siquiera va al
Madrid en que se desperdician los dineros. Vienen a otorgarle
el premio a su propio Albaycín; si está les abrirá la puerta
y si le coge por rutas lejanas de cualquier otro continente,
ya volverá no se sabe cuándo...Rafael Guillén nunca ha tenido
prisa para nada, y al volver de Asia a lo mejor se queda hablando
en alguna parte, pero siempre volverá a su oficio: cantar
en poesía. Como volvía a su Toledo Garcilaso desde cualquier
isla del Danubio.
Antonio Gallego Morell: "Rafael Guillén".
Diario Ideal. Granada,
15 de noviembre 1994.
ARRIBA
Granadino de origen -nació en la ciudad del Darro en
1933- y arraigado en su provincia, Rafael Guillén ha forjado
una obra no vinculada intencionalmente a una u otra estética
-"No me considero adscrito a ningún grupo" declara
él mismo en la entrevista que constituye la introducción a
su Poesía Completa (1988)-, aunque por la fecha de su nacimiento puede
ser incluido en la generación de "los niños de la guerra",
la llamada "generación del 50"... A diferencia de
otros miembros de su generación, en cuya obra posterior resultará
bien visible el efecto traumático de aquel acontecimiento
y de sus consecuencias: las humillaciones de la posguerra,
en la poesía de Rafael Guillén la contienda civil y sus huellas
sólo aparecen esporádicamente... Por el contrario, la obra
de Rafael Guillén comparte con los miembros de su generación
el amplio cauce de la poesía concebida "como acto de
descubrimiento y conocimiento más que como mera comunicación",
en palabras de Debicki, que establece la cronología generacional
entre 1956 y 1971, fechas que coinciden con las de la publicación
del primer libro de Rafael Guillén -Antes
de la esperanza (1956)- y de Límites
(1971), "genial por el modo y por la entraña", según
Carlos Muñiz-Romero, en el algunos poemas -Abriendo
paso al rayo y Cuando
la niebla empieza a no ser nada- preludian la temática
de Los estados transparentes.
Ramón Oteo: "La puridad de la materia en la poesía
de Rafael Guillén". Salina,
nº 8. Universitat Rovira i Virgili. Tarragona, 1994, pág.
72 a 78.
ARRIBA
A mi entender, dentro de la comunidad generacional
(de los poetas de los 50) hay dos direcciones básicas que,
con cuantos distingos quieran hacerse en el seno de cada una,
registran sendos modos de poetización, con sus correspondientes
maneras expresivas. Por un lado, están quienes mantienen con
la realidad poetizada una ultraconsciencia crítica, resistiéndose
a ser absorbidos por ella. Para evitar la evidencia sentimental
y la emoción directa recurren a procedimientos varios: quiebros
irónicos, viñetas históricas y culturalistas recreadas desde
la subjetividad, ambigüedades, citas manipuladas, etc. Ejemplos
de lo cual son Angel González, Gil de Biedma, el primer Valente,
Fernando Quiñones, etc. Por otro lado figuran quienes se sienten
conmocionados ante esa realidad, contiguos psíquicamente a
ella, conformantes y no sólo escrutadores de la misma. Esta
cercanía a lo real se revela en una poesía, visionaria o más
serenamente contemplativa, centrada en los valores de la naturaleza
y del hombre, la reviviscencia de la infancia, la solidaridad
humana, la reflexión elegíaca... Pueden participar con los
anteriores de una general llaneza expositiva, aunque no es
inusual que la ausencia de sinuosidades intelectuales y de
escollos retóricos donde se refracte la expresión del sentimiento
confiera a sus poemas otras entonaciones, de todas maneras
lejos del enfatismo: encendimiento y alacridad (primeros libros
de Claudio Rodríguez); densidad escueta y pesimista (libros
de la madurez de Carlos Sahagún); lacerante y vertiginoso
irracionalismo (algunos títulos de Gamoneda o de Félix Grande);
cavilación elegíaca y melancólica (Rafael Guillén, Francisco
Brines).
Angel L. Prieto de Paula: Poetas españoles de los cincuenta. Ediciones del Colegio de España.
Salamanca, 1995, pág. 156-158.
ARRIBA
Tenemos ya la materia ensamblada en el tiempo expresado
como alma. Pero existe aún un tercer tránsito en la trascendentalización
de tal materia, que explica la insurgencia de su estado decisivo,
la subversión de su voluntariedad en tanto que copartícipe
de la esencia humana, esto es, su universal transparencia.
Constituye una alegoría, consecuencia dialéctica de la paradoja
apuntada: que los objetos alienten humanidad, que sean signos
indistintos de un mismo latir óntico. Tal alegoría precisa
un término de correspondencia paralela, y éste es lógicamente
el hombre: un tipo de hombre adánico, central a la materia,
inmanente a ella, que copia su comportamiento en las extrañas
transmutaciones que en ella se operan. Es, en suma, que la
identidad del ego humano se desplaza a lo inerte, más que
a la inversa. Es que la connotación pasa a ser denotación,
que los objetos se humanizan y a su semejanza de criaturas
mudas y desposeídas el hombre se comporta y mueve.
Antonio Enrique: "Los estados transparentes, de
Rafael Guillén". Insula, nº 577. Madrid, enero 1995,
pág. 11-12.
ARRIBA
Entre los muchos ángulos desde los que se puede iniciar
una aproximación a la interpretación de la obra poética de
Rafael Guillén, he escogido "La configuración de lo perdido",
título de un poema suyo excepcional, porque sirve de gozne
a multitud de ámbitos en su poesía. Este poema del libro "Límites"
amplía una de las ideas fundamentales del pensamiento de Jean-Paul
Sartre, aquélla que se refiere a la subjetividad del ser humano
y su condena a la libertad y a la elección. Una vez que se
elige, el resto de las posibilidades de elección queda anulado,
porque lo que no es posible es no elegir, como Sartre afirma
en "El existencialismo es un humanismo": La elección es posible en un sentido, pero
lo que no es posible es no elegir. Puedo siempre elegir, pero
tengo que saber que, si no elijo, también elijo. Rafael
Guillén coincide con Sartre en este planteamiento en el que
un acto de elección suprime a los otros, pero a diferencia
de Sartre, Guillén tendrá una consciente lucidez de que lo
elegido implica pérdida, desahucio, dolor, muerte de lo otro
posible y, por tanto, límite del ser. Y a pesar de que lo
perdido sea irrecuperable, Rafael Guillén intuye que permanece
de alguna forma y que nos llama desde el borde de la niebla.
Francisco J. Peñas-Bermejo: "La configuración de
lo perdido en la poesía de Rafael Guillén". Alaluz, año XXVII. nº 2. University of California. Riverside (USA),
otoño 1995, pág. 41 a 50.
ARRIBA
El tiempo no ha dejado de ser uno de los grandes temas
de la poesía y del arte en general, puesto que el hombre no
es otra cosa que tiempo y memoria. Pero en Guillén se da un
matiz que, en cierto sentido, parece modificar al tiempo:
el espacio. Rafael Guillén crea espacios donde hubo o pudo
haber tiempo. Busca espacios para asentar lo verdadero aunque
esa verdad no haya llegado a ser histórica... Estas notas
me parecerían incompletas si en ellas no me detuviese en lo
que he llamado rito mágico de la configuración ni en el concepto
de que aquello que no pudo ser histórico sea también verdadero
en la poesía de Rafael Guillén. Como es sabido, la experiencia
no se genera únicamente dentro de los límites del mundo racional,
pues conocemos realidades que pertenecen a otro nivel y niveles
que se abren a la otra mitad de lo que solemos llamar realidad...
Poesía difícil la de Rafael Guillén que siempre va directa
a lo indirecto, metáfora del mundo en la que éste parece aún
más verdadero.
Julia Uceda: "Anotaciones para una lectura de la
poesía de Rafael Guillén". Prólogo a La
configuración de lo perdido (Antología 1957-1995). Edita
Sdad. de Cultura Valle Inclán. Col. "Esquío". Ferrol,
1995, pág. 9 a 18.
ARRIBA
Es posible que en estos contactos tuviesen su origen
las reuniones que se celebraron en el carmen de "Las
tres estrellas". La exposición se inauguró en junio,
y esas reuniones se iniciaron en el verano de 1953. Además,
prácticamente, todos los poetas que frecuentaban las reuniones
del carmen figuraron en la exposición: Ladrón de Guevara,
Rafael Guillén, Julio Alfredo Egea... De estas reuniones nació
"Versos al aire libre", un grupo poético que nunca
sintió la vocación claustral de Soto de Rojas. Si el carmen
de "Las tres estrellas" fue alguna vez "paraíso
cerrado", los poetas de "Versos al aire libre"
abrieron de par en par sus puertas. Más aún, escaparon de
él para invadir los centros culturales, las tabernas y las
calles de Granada. Cuando refrescaron los vientos albaicineros,
los poetas al aire libre buscaron refugio en la Casa de América,
donde se reunían cada jueves... Con el título "Elegía
a un grupo", José G. Ladrón de Guevara publicaba en Patria,
el 29 de abril de 1956, un artículo en que certificaba su
defunción.
Por
otros rumbos iban las pretensiones editoriales que se originaron
en "Versos al aire libre". Dos de sus poetas, Rafael
Guillén y José G. Ladrón de Guevara, crearon una colección
de libros de poesía, "Veleta al Sur". Otra empresa
editora similar a las Ediciones Cam. Tampoco había "posibles"
y aquello funcionó de tal modo que llegó a rebasar ampliamente
los años cincuenta. Todavía en 1966 hacía la colección su
camino. Más aún, instituía el premio "Veleta al Sur"
para poetas inéditos.
Antonio Aróstegui: "Versos al aire libre".
La vanguardia cultural granadina 1950-1960.
Biblioteca de Ensayo, nº 10. Fundación Caja de Granada. Granada,
1996, pág. 213 a 229.
ARRIBA
Quedaría exclusivamente muy circunscrita la poesía
de Rafael Guillén si la interpretáramos sólo desde estos presupuestos
"excesivamente existencialista". Hay que reclamar
un análisis, cuando menos simultáneo, del elemento mágico
en los poemas guillenianos. Precisamente por esa misma configuración
de lo perdido. Lo no patente encierra una dosis de inquietante
magia, de incertidumbre de lo milagroso o lo misterioso. El
misterio está patente en el ámbito de lo no evidente, de lo
dado por perdido, ¿de lo rechazado? Las evidencias realistas,
en el caso de la poesía de Guillén, no eliminan ese registro
capaz de desarrollar la sorpresa.
Manuel Jurado: "Recuperación de lo perdido".
Diario Córdoba (Suplemento
"Cuadernos del Sur"). Córdoba, 14 de marzo 1996.
ARRIBA
Rafael Guillén publica un libro extraordinario, Los
estados transparentes, que en su versión incompleta de
1993 había alcanzado el Premio Nacional de Literatura... Desde
el primer poema hay una tensión emotiva sin cesar a base de
encabalgamientos sucesivos y un léxico denso que no usa la
superabundancia sino la esencialidad y la hondura, además
de unas imágenes tenues y profundas que captan relaciones
prodigiosas e iluminadoras... El mundo entero se encuentra
en vilo, en trance, iluminado, ante esta mirada acuosa, esta
poesía silenciosa, de términos desnudos, y el mundo se muestra
como infinitos mundos, el tiempo repleto de resonancias, y
la materia llena de atención. Es uno de los pocos libros que
realmente trastorna y añade algo en nuestro interior, abre
alguna puerta.
Antonio Acosta Gómez: "Entre el fuego y el humo".
La Estafeta Literaria,
nº 5-6. Madrid, 1998, pág. 64.
ARRIBA
La poesía representa para Rafael Guillén la posibilidad
de iluminar, más allá de los límites de la conciencia, sus
intuiciones y expresarlas en forma de poema cuando el poeta
se encuentra "en situación de lluvia", "en
personal estado de palabra", como recoge el poema "El
origen" (Tercer gesto)... Guillén cuestiona el convencionalismo
de lo que llamamos realidad y afirma su creencia en la otra
mitad de lo visible, aquello desconocido que escapa a la razón,
pero que, sin embargo, se manifiesta intuitivamente en vislumbres
del total conocimiento a través de la búsqueda de "un
punto / de apoyo, que esté fuera / del universo" ("La
voz de lo invisible", Límites)... En Temporal,
Guillén despliega una final noción unitaria del tiempo en
la que sus límites son relativos o no existen y los sucesos
presentes modifican no sólo el futuro sino también el pasado.
Julia Uceda llega, asimismo, a esta conclusión cuando escribe
en su "Introducción" (a La
configuración de lo perdido. Antología (1957-1995): "¿También
somos responsables del pasado que nunca ha sido nuestro? ¿Puede
tener el hombre la responsabilidad de todo el tiempo, incluso
si éste no forma parte de su memoria? Esta intuición terrible
parece avanzar en la poesía de Rafael Guillén". De nuevo
surge esa angustia al elegir que se mencionó anteriormente,
porque puede alterar futuro y pasado si se acepta esta línea
de pensamiento.
Francisco J. Peñas-Bermejo: "El asedio a los límites
en la poesía de Rafael Guillén". Introducción a la nueva
versión revisada y ampliada de Los
estados transparentes. Edit. Pre-Textos. Valencia, 1998,
pág. 9 a 34.
ARRIBA
Versión renovada y sustancialmente ampliada de la obra
(Los estados transparentes) con la que Rafael Guillén (Granada, 1933)
obtuvo, en 1994, el Premio Nacional de Literatura... Sobre
el fondo de los cuatro elementos clásicos, tierra, aire, fuego
y agua, se alza un verso, ajustado de métrica y de ritmo,
eficaz, que busca la otra vida que esconden y viven los objetos:
existir paralelo y superpuesto al que les adjudicamos, y lo
invisible -que no fantaseado- frente a lo visible, lo tangible
con el pensamiento frente a lo táctil con las manos. No es
"la transparencia, dios, la transparencia" del Nobel
de Moguer; la propuesta de Guillén es sombra de caverna de
la teoría sobre la transformación, no creación ni destrucción,
de la energía; nada -viene a decirnos- muere, tan sólo se
torna hialino, transparente.
Juan Cobos Wilkins: "La materia hialina de Rafael
Guillén". El País
(Suplemento "Babelia"). Madrid, 6 de febrero
1999.
ARRIBA
La segunda generación española de postguerra está formada
por los poetas nacidos entre 1924 y 1938. Se constituye como
tal en el transcurso de la década del cincuenta y primer lustro
del sesenta, y la protagoniza, sobre todo, lo que se ha llamado
la generación o el grupo poético del cincuenta (Angel González,
José Manuel Caballero Bonald, José Agustín Goytisolo, Jaime
Gil de Biedma, José Angel Valente, Francisco Brines, Claudio
Rodríguez), y también otros poetas, muchos de ellos andaluces,
que por diversos motivos han quedado desligados de grupos,
como Julio Mariscal, Angel Crespo, Eladio Cabañero, Fernando
Quiñones, Rafael Guillén, Félix Grande, etc.
Rafael
Guillén... en su último libro, Los
estados transparentes (1993), Premio Nacional de Literatura,
escribe una poesía reflexiva y emocionada que indaga, con
una característica sintaxis que ajusta su andadura verbal
al discurrir meditativo, en el misterio de la existencia humana.
Abel Feu: Panorama
de la poesía andaluza desde la postguerra hasta la actualidad.
Col. Educación XXI (Pensamiento, nº 7). Consejería de Educación
y Ciencia. Junta de Andalucía. Sevilla, 1999, pág. 51 y 68.
ARRIBA
La lectura sosegada de los poemarios de Guillén, desde
"Pronuncio amor" y "El gesto" hasta "Moheda"
y el último y galardonado "Los estados transparentes",
pasando, entre otros, por "Los vientos", "Límites"
y el antológico "Los alrededores del tiempo", muestra,
además, junto a la orfebrería que engarza equilibrio y profundidad
en el venero del verso libre, un objetivo irrenunciable en
la tarea del poeta: identificar y explicar lo tangible y lo
impalpable mediante las palabras, tomando a éstas como mojones
para fijar las lindes de todo lo percibido y existente. Este
objetivo, no tan común a todos los poetas como podría parecer
a primera vista, corre en Guillén paralelo a la necesidad
de reintegrar al hombre a cierto círculo cósmico -ya vislumbrado
magistralmente por Juan Ramón- para el que posiblemente fue
creado. De ahí también otra singularidad próxima de nuestro
poeta: la inclinación a un panteísmo de alta hechura, muy
por encima de la simple extrapolación del espíritu a los objetos
en principio inanimados, y centrado en la consideración global
y pormenorizada a la vez de las cosas, y en la búsqueda de
los hilos de conexión de éstas entre sí y de todas ellas con
la energía de lo -si se me permite la expresión- divino.
José Manuel González: El viento entre los juncos (Libros y autores para el cambio de siglo).
SIAL Ediciones. Madrid, 1999, pág. 295 a 297.
ARRIBA
Los
estados transparentes es un ajuste de cuentas con la
realidad... Pero no se trata, paradójicamente, de un
viaje hermético, sino, antes bien, de una penetración
alada, nítida, que se nutre de una pupila estricta
y una consciencia movilísima, hecha de ligereza y ruptura,
cuyo fin último es "vencer las restricciones de
lo real".
Importa subrayar que esta dialéctica consciencia-materia
se plasma de forma muy concreta en los poemas: en la descripción
de la realidad, que se desarrolla morosa, premonitoriamente,
irrumpe de pronto el yo y su temblor existencial, pero no
de un modo violento, sino con suavidad, como si fuese la versión
interior de los hechos descritos...
Los estados transparentes representa, en suma, un
acontecimiento mayor en la más reciente poesía
española.
Eduardo
Moga. "La poesía transparente de Rafael Guillén".
Calas (Revista de Literatura del Centro Cultural
Generación del 27), nº 5. Málaga, junio
1999, pág. 155 a 169.
ARRIBA
Porque nada muere si, como hace Guillén, despreciamos
nuestras pobres verdades y nos apropiamos de los dogmas de
los dioses. El tiempo, por ejemplo, ya no será un río que
arrastre sus aguas manriqueñas al mar del morir, sino un estanque
en el que se aquietan los momentos del pasado y del presente
y del futuro. Entender el tiempo menos como sucesión de instantes
que como simultaneidad, nos consiente revivir lo que fue,
pero nos condena a una servidumbre que nos aterra y sobrepasa:
reconocer nuestra responsabilidad en los hechos de un pasado
en el que nunca estuvimos, como se pone de manifiesto en el
poema "Cristal romano".
Fernando Sánchez Alonso: La memoria que ellos me dejaron. Semblanzas de 50 poetas del siglo XX.
Edit. VIMASA. Madrid, 2000, pág. 195 y 196.
ARRIBA
El libro (Tiempos
de vino y poesía. Prosas granadinas) se abre con una introducción,
plena de sabiduría... A estas alturas de su vida, después
de haber transitado con dignidad por el espacio minado de
una larguísima postguerra, el poeta escarba en los huecos
de la memoria para rescatar los ecos vitales de lo divino
y de lo humano, el sonido ya apagado de las juveniles carcajadas
y los restos de una grave y esencial mirada sobre el universo
granadino, sin engaños, mirada que nuestro autor quiere inmisericorde
pero que se torna a veces compasiva y en todo caso llena de
inteligente ternura. Esto explica que aborde el radical problema
de la naturaleza de su discurso, señalando el amplio territorio
existente entre mentira, ficción y verdad. Por esta razón
se resiste a identificar el cultivado arte de la memoria con
la verdad, no confundiendo por ejemplo persona con personaje,
pero tampoco desprecia la verdad de los recuerdos.
Antonio Chicharro: "Rafael Guillén: memoria y poesía".
Extramuros, nº 22.
Granada, 2001, pág. 72 a 75.
ARRIBA
"I'm Speaking" es el mejor libro de poesía
que he visto en veinticinco años. Cuando me sorprendo
blasfemando e insultando al poeta por escribir versos que
yo debería haber escrito, sé que estoy frente
algo muy importante. El hijo de perra. Desearía saber
más maldiciones de camellero.
Hablando como traductor, siempre he mantenido que el objeto
del proceso es crear una poesía que sea espléndida
en inglés (este es el caso), encontrando alma y argumento
en otro recinto de la Torre de Babel... Como Browning y muchos
otros, Guillén escribe poemas como "Signos en
el polvo" que se resisten a ser recordados sólo
por una imagen o por un verso. Sin embargo, sus poemas más
resonantes son los más resueltos en imagen y acompañados
por "el verso poderoso" de Marlovian.
Este es un poeta que, en la línea de Joyce, "...lo
ha leído todo y no ha olvidado nada." Sus argumentos
se mueven a veces con indicios de Amichai y a veces con alguno
de Milosz (especialmente de su última obra). Uno sabe
que ha leído a los simbolistas desde La Forgue pasando
por Rilke hasta Stevens y Roethke. Sin embargo, en Guillén
metafóricamente predomina la razón más
que en cualquiera de ellos.
Michael Yates:
"I'm Speaking: Selected Poems. By Rafael Guillén".
www.Alsop Review. U.S.A., november 2001. Reproducida en español
en Ficciones, nº 9. Granada, 2002, pág.
29 a 31.
ARRIBA
En la obra de Guillén hay un trallazo
de emoción que uno no encuentra ni en la poesía
de los Estados Unidos ni en la de otras partes de España...
A menudo parece que sus poemas son impulsados por un terror
a lo que no existe -no me refiero a la muerte, la muerte es
fácil-, a la forma en que una sombra solo existe parcialmente,
como si el narrador temiese estar hecho de humo, o como si
sintiese que sus percepciones no las comparte con nadie; no
porque sean especiales, sino porque no tienden ningún
puente a su aislamiento existencial, como si todos fuéramos
fantasmas que tratan de tocarse y ven cómo sus manos
pasan a través unos de otros.
De nuevo pienso que ningún americano tendría
el coraje de escribir el verso "Todo lo bello es triste
mientras exista el tiempo". No porque sea un gran verso
o porque los americanos sean cobardes, sino por la fuerza
de expresión del estado emocional... Leer a la mayoría
de mis contemporáneos americanos es como vivir en una
pequeña ciudad -crecí provinciano-. Tanto como
leer a Guillén por placer, necesito leerlo para ver
lo que es posible en poesía; lo que yo, como poeta,
trato de alcanzar.
Stephen Dobyns: "I'm Speaking: Selected
Poems by Rafael Guillén". Harvard Review,
nº 22. Cambridge, MA, U.S.A., Spring 2002, pág.
192 a 194.
ARRIBA
Para
mí, el poeta granadino Rafael Guillén es un
vanguardista, en el sentido de que pertenece a los pocos que
logran decir cosas nuevas o, al menos, decirlas de manera
diferente, cambiando con ello la concepción que tenemos
de la vida y el universo... Al aceptar que no existe el tiempo,
que la materia es inteligente, que mente y materia son distintas
manifestaciones de un algo común, que existen universos
paralelos, que hay una velocidad superior a la de la luz...
el mundo en torno cambia. Rafael Guillén está
contribuyendo con su obra a que comiencen a reverberar en
nosotros estas nuevas dimensiones, y a que, gracias a la carga
emotiva de sus textos, comiencen a ser integradas en la vida
diaria.
Gregorio
Morales: "Principio de incertidumbre. Rafael Guilén".
El Faro. Motril (Granada, 4 de junio 2002.
ARRIBA
La
palabra en él no es medio, procedimiento, forma, sino
sustancia. Es previa a todo lo demás.
No vamos a hallar dentro de su generación cronológica
quien se ofrezca más identificado al lenguaje, más
suspenso y absorto en la vida íntima del idioma (su
rotación semántica, su traslación sintáctica)
que Rafael Guillén. Es un maestro y nada descubrimos
con ello, puesto que así se reconoce en los manuales
de historia literaria reciente. Pero el mejor homenaje que
se le puede tributar no es esto, sino el entendimiento (siquiera
sea aproximación) al mecanismo de su escritura y a
su propio territorio poético.
El mecanismo de su escritura presupone un proceso inverso
al habitual: parte de la abundancia sensitiva para, por eliminación,
quedar sólo con lo perdurable.
Antonio Enrique: "Rafael Guillén:
el vértigo de existir". El Faro. Motril
(Granada), 27 de agosto 2002.
ARRIBA
La
indagación en el espacio, en la materia y en el tiempo
sitúan su mirada poética en una concepción
moderna, actual, sin perder el cuidado con el lenguaje, que
sigue siendo preciso y sin vuelos extravagantes e innecesarios.
Daniel Rodríguez Moya: "Las edades
del frío". Ideal, 16 de noviembre 2002.
ARRIBA
El
espacio es una superposición de otros espacios anteriores
formados por el aluvión de las evocaciones. Un espacio
que, rescatado y coloquial, hasta próximo y educadamente
doméstico, se desborda en los límites de lo
individual e íntimo para adquirir la categoría
de universal y común. El tiempo no hay que confundirlo
con el temporalismo aniquilador, sino que hay que concederle
el carácter de dinamismo generador de flujos de otras
realidades; vehículo que conduce a umbrales del conocimiento
de la materia. El tiempo no es sólo el referente de
lo inmediato consecutivo -ganar tiempo al tiempo- sino el
agente que desencadena la aparición del "tiempo
simultáneo"...
El dominio del ritmo versal, la frescura y sutileza de muchas
de las imágenes que sorprenden en los poemas y el rigor
del pensamiento son otros elementos no desdeñables,
antes al contrario, que hacen de Las edades del frío
un libro de necesaria lectura por la novedad que supone dentro
del panorama de la poesía española actual.
Manuel Jurado: "La poesía singular
de Rafael Guillén". Diario Córdoba
(Suplemento "Cuadernos del Sur"). Córdoba,
28 de noviembre 2002.
ARRIBA
El
último libro de Rafael Guillén, Las edades del
frío, ofrece una estructura epigramática y aforística,
y, a su vez, se nos muestra como el conjunto de poemas más
breves y desnudos de toda la trayectoria poética del
autor. Nos encontramos ante un despojamiento del existir,
negado desde la conciencia de la fugacidad o, más bien,
desde la desmaterialización de lo que fue, tal vez,
sin haber sido.
Nunca la poesía de Rafael Guillén ha rozado,
como en este libro, los límites más sutiles
entre metafísica y poética, hasta riesgos conceptuales
y estéticos tan extremados.
José Ortega Torres: "La inmaterialidad
de lo existente"- El Fingidor, nº 16-17.
Universidad de Granada, mayo-diciembre 2002.
ARRIBA
La
concesión, en 1994, del Premio Nacional de Poesía
a Los estados transparentes supuso el reconocimiento a la
labor de un poeta que había construido, a lo largo
de casi medio siglo, una obra abundante y diversa...
Será a partir de Gesto (1964) y del ciclo que con ese
libro inaugura cuando decantará lo esencial de su estilo
y de su apuesta: la fusión de la preocupación
social, con una inquietud formal sustentada en un barroquismo
contenido. En 1971 inició, con Límites, un serio
trabajo de indagación en la experiencia humana, abriendo
paso a una poesía existencial con derivas hacia lo
metafísico. Los estados transparentes fue la segunda
entrega del ciclo y con este Las edades del frío cierra
la trilogía.
Estamos ante un libro intenso y perturbador. Y, sin duda,
necesario.
Manuel Rico: "Tiempo de niebla".
El País (Suplemento "Babelia").
Madrid, 18 de enero 2003.
ARRIBA
El
poeta granadino Rafael Guillén, que acaba de publicar
un espléndido libro titulado "Las edades del frío",
se confesaba el otro día aquí mismo, en el "devocionario"
de Juan María Rodríguez, diciendo cosas magníficas
de ésas que, desde la antigüedad más remota,
sólo son capaces de decir los poetas y los físicos...
Es posible que la entraña de lo real sólo sea
expresable en términos líricos, como es un grave
error contraponer ciencia con misterio, es decir, aferrarse
a la idea de que la mente ha de moverse por fuerza entre esos
dos polos que no son antípodas sino superpuestos, como
tantas evidencias nos demuestran hoy...
Guillén lleva razón en que el saber del hombre,
su conocimiento, camina hacia la unidad primordial que en
un indescifrable momento debió hacerse trizas en la
mente enigmática del "Deus absconditus".
José Antonio Gómez Marín:
"Ciencia, arte, letras". El Mundo (Andalucía),
Sevilla, 24 de enero 2003.
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Indaga
el poeta en nuevos mundos poéticos y late en los poemas
la conciencia de la comprensión unitaria del cosmos
-la física y la conceptual-. A partir de ahí
lo que hace es unir el desamparo existencial del hombre ante
la ciencia y la técnica. Y con ese cóctel, con
esa actitud abierta y joven surgen insospechados descubrimientos
que abren de par en par los ojos del poeta y se sumerge en
mundos desconocidos. Es la entrada en lo que se llama futuro:
"Todo lo bello es inestable. / De ahí su fortaleza.
Todo / lo bello es equilibrio". Guillén se ha
abierto a la modernidad.
Antonio Rodríguez Jiménez: "El
regreso a las edades del frío". Diario Córdoba
(Suplemento "Cuadernos del Sur"). Córdoba,
6 de febrero 2003.
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Guillén,
fiel a los fundamentos de su poética, ha venido puliendo
su lenguaje y afilando su fina visión de las cosas
hasta alcanzar la cumbre de su propio discurso en un libro
profundo, esencial...
Busca el poeta la luz del conocimiento, y alumbra con ella
su vida para descubrir, finalmente, que hay algo más
tras la consumación, que la vida de un hombre es tan
sólo un minúsculo componente de la de toda la
humanidad...
La palabra, desnuda, conceptual, purísima, imprime
carácter a estos poemas. El verso libre se modula con
armonía, sustentándose en su música interna,
a la cual se acomodan los sintagmas...
Al premiar Las edades del frío, reconoce el jurado
la grandeza de un libro.
Domingo F. Faílde: "Tiempo, memoria
y ser: Las edades del frío de Rafael Guillén".
Diario Málaga. Málaga, 9 de marzo 2003.(?)
Reproducido en el nº 10 de www.papel-literario.com.
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A
diferencia de la parcelación del conocimiento propio
del saber durante los siglos XVI al XX, Rafael Guillén,
en esta obra, continúa dando paso a la poesía
del nuevo siglo, el XXI, en la que se superan las viejas distinciones
entre saberes, en aras de un estudio de la realidad global,
tal y como los filósofos clásicos habían
planteado.
El espacio y el tiempo son independientes de los cuerpos,
que están y se mueven en su seno. El cambio, el devenir
y el tiempo es pura ilusión, pues no había nada
que no estuviese ya antes. Este mecanicismo radical se rompió
en el siglo XX por tres frentes, que aparecen reflejados en
la obra de Rafael Guillén.
Diego Pablo Ruiz Padillo: "Física
y poesía en el siglo XXI. Las edades del frío
de Rafael Guillén" El Fingidor, nº
18. Universidad de Granada, enero-abril 2003.
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En
estos versos se materializa la relatividad del tiempo y de
las situaciones frente a un evento y un momento concretos,
perfilándose una dialéctica de la evidencia
y del misterio, de la presencia y de la ausencia, de lo material
y de lo invisible que rezuma una atmósfera de expectación.
La intuición, el instinto, la exuberante versatilidad
expresiva para doblegar y dar nuevos sesgos al idioma, la
convergencia de las artes, las ciencias y las letras y la
candente actualidad de sus propuestas se ajustan densa y naturalmente
al ritmo y la armonía del poema, para arriesgar y para
renovar; señas de identidad de los auténticos
poetas, como lo es Rafael Guillén, uno de los mejores,
sin duda, de la lírica española contemporánea.
Francisco J. Peñas-Bermejo: "Aproximación
a la poesía de Rafael Guillén: Transparencias
de un mar inabarcable". Estudio inicial de Estado
de palabra (Antología poética 1956-2002).
Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2003, pág.
7 a 99.
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La
trayectoria poética de Rafael Guillén es una
de las más singulares, complejas y atractivas de la
poesía española contemporánea. Por eso,
siempre es bienvenida una nueva antología poética
de su obra, sobre todo si está hecha con criterio y
conocimiento de causa, como es el caso...
En la primera parte, "De límites y transparencias",
se nos habla de la búsqueda más allá
de los límites "Crear, en arte -explica el autor-
es forzar los límites de lo perceptible". Y para
ello el poeta se sirve de un principio esencial: la transparencia...
En "Los alrededores del tiempo", por otro lado,
vemos cómo pasado, presente y futuro pierden su consistencia
convencional y coexisten conjuntamente, como una unidad...
"¿A dónde irá este amor, ya sin
nosotros" es el título de la tercera parte, y
en ella se constata que, frente a la devastación física,
se alza la actualidad del sentimiento amoroso. Por último,
en "La configuración de lo perdido" comprobamos
cómo las elecciones que hacemos en la vida y el paso
del tiempo suponen pérdida. No obstante, Guillén
cree que lo perdido permanece, de alguna forma, integrado
en nosotros, y su recuperación significaría
la unidad total, sólo expresable como aniquilación
mística.
Esta magnífica edición se completa con una útil
"Cronología" y una completa "Bibliografía"
de y sobre el poeta. Una buena oportunidad, pues, para aquéllos
que quieran acercarse, por primera vez, a la "singularidad
creadora" de este gran poeta, y una propuesta de lectura
muy sugerente y original para los que ya la hayan frecuentado
antes.
Luis García Jambrina: "Singularidad
poética. Estado de palabra. Antología poética
(1956-2002). ABC (Suplemento "Blanco y Negro Cultural").
Madrid, 19 de julio 2003.
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Con una obra al margen de las modas y preocupada, desde una perspectiva existencial y trascendente, tanto de los problemas sociales como del amor, se ha confirmado como uno de los grandes poetas de los últimos años. Practica tanto las métricas y ritmos clásicos, cuanto el verso libre, en una indagación constante sobre el tiempo y la existencia. Sus versos, de sintaxis lenta y trabada, crean atmósferas obsesivas y misteriosas.
Jesús Bragante: Literatura española (Diccionario Espasa). Madrid, 2004
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La poesía de Rafael Guillén establece un diálogo creativo con diversas tradiciones líricas, según la entonación y los nudos temáticos elegidos en cada caso. Es frecuente observar en una misma composición la simbiosis de dos de los motivos más frecuentados y mejor conseguidos, el del amor y el de la elegía, en espléndidas construcciones donde el erotismo o la ternura están tamizados -pero también intensificados- por el sentimiento de la pérdida o de la degradación provocada por el discurrir del tiempo... Es una poesía de fuerte impregnación melancólica, que parece provenir, tanto como de la conciencia acuciante de la temporalidad, de la imposibilidad humana de habitar todos los espacios y de vivir todas las vidas. Métricamente, los versos en que lo anterior se canaliza se caracterizan por el rigor; no por la rigidez, de la que los salva el dominio de las formas, pero también las ocasionales rupturas del discurso sintáctico, las sincopaciones en la cadencia armónica y los abundantes encabalgamientos que coadyuvan a la concatenación dinámica de los contenidos y a la ductilidad musical del fraseo.
Ángel L. Prieto de Paula: "Semblanza crítica". Biblioteca Virtual Cervantes. Poesía Española Contemporánea. Página web de Rafael Guillén.
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El "tiempo simultáneo" guilleniano es, tal vez, la concepción más rotundamente original de su cosmovisión y, lógicamente, ha sido destacada por gran parte de la crítica, sobre todo a partir de la publicación de Las edades del frío . Esta oposición a Manrique, casi en cita textual (esta otra vida nuestra / que está ahí sin nosotros, / que corre sin nosotros, como un río que no llega hasta el mar, que es el morir, / porque subsiste sin haber nacido) coloca la Guillén en una doble posición. Por un lado, la apelación al río manriqueño era obvio que tendría que aparecer. Y, por otro, su oposición a la concepción acrisolada del tiempo como un movimiento de agua que fluye, en el viejo símbolo río = vida, que, tras Heráclito, cubre la literatura occidental... Los "iniciados", que contemplan el pasado y el futuro -en quietud simultánea o en movimiento-, son los que por el "presagio", el presentimiento, la profecía, han visto levantarse ante sus ojos ese lienza que esconde el espacio y el tiempo futuros.
María del Pilar Palomo: "La palabra y el cosmos en la obra de Rafael Guillén". Introducción a Obras completas. Vol. I Edit. Almed. Granada, 2010.
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Rafael Guillén responde al siguiente retrato crítico-literario que me atrevo a diseñar: poeta de la palabra precisa y de la versatilidad expresiva, poeta de tradición, moderno y vanguardista, distanciado de modas, poeta de la sorpresa en cada rincón del poema, poeta reflexivo, indagador del ser en la palabra, poeta del tiempo como proceso de vida y como proceso de muerte, poeta del amor más allá de la arruga, poeta de la duda, poeta que trastorna, que perturba, poeta solidario, poeta elegíaco, poeta de los vacíos expresivos, de lo perdido y recuperado por la palabra, poeta de la luz, de los sentidos, poeta de los límites, poeta de los mil temas y los mil matices, poeta, en suma (y son palabras suyas) para quien la poesía no es sino una manera de respirar.
Antonio Sánchez Trigueros: "Rafael Guillén en el carmen Rodríguez-Acosta ", en La pluma en el dintel. Universidad de Granada (Biblioteca de Bolsillo). Granada, 2008, pág. 102, 115, 137 a 143 y 181.
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