LOS
ESPOSOS
Dame la mano; el cuerpo. Necesito
cruzar la
calle. Dame
un tímido
relámpago
de detrás
de tus ojos, algo
que me sustente,
una palabra, un hijo
para cruzar
la calle. Dame un brazo
para correr.
Ponte delante, así,
de cara
a mí, que yo me vea cerca
reflejado.
Y la mano
también.
Dame la mano, el cuello joven,
el espejo,
el cansancio
de ayer,
el tiempo, sí,
dame el
tiempo que te consuma, el peso
que hace
posible tu llegada. Quiero
cruzar la
calle. Dame
tu soledad,
o más, la comisura
de tus labios,
la piel de un muslo, algo
con que
cubrirme. El gesto
que derrumba
un deseo, algo sólido,
arañable,
exterior, algo de ti
que arrope
mi despegue.
Que no tengo más ancla, que no tengo
más posible
contacto, que no tengo
más vertedero,
o playa, o límite si quieres.
Dame el silencio, o lo que sea. Dame
algo que
me acompañe.
Que está
ya cerca el viento, que ya viene
por el árbol
de al lado, y necesito
cruzar la
calle.
(1965) De "Gesto segundo"
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