[SIEMPRE
LLEGAMOS A DESTIEMPO...]
Siempre llegamos a destiempo.
Cada llegada es un
fracaso. Parte
ya el tren y conseguimos
subir en marcha. Todo en vano.
Nos lleva, es cierto. Pero ya se ha ido.
A través del cristal nos asomamos,
pero la vida ya se ha ido; todo
se ha ido inacabado.
Estamos viendo, rostros, árboles,
de otras personas y otros campos.
Estamos contemplando una
montaña
que ya no es esta misma que miramos.
Oímos voces, gritos,
carcajadas
que hace ya tiempo que sonaron.
Difícilmente pretendemos
hallar una respuesta por el tacto;
y cuando al fin tocamos algo vivo
ya no está allí lo que tocamos.
Cada momento que nos lleva
es un presente ya pasado.
Nos lleva, es cierto. Pero ya se ha ido;
se había ido al alcanzarlo.
(1997) De "Las
edades del frío"
[LUCE EL MISTERIO...]
Luce el
misterio sus brocados
en las amplias estancias
vacías, en los que nunca hubo
presencia alguna material -¿o, acaso,
tal vez la hubo?-; en los salones
donde aún resuena polvoriento el eco
del clavecín abandonado,
donde persiste el aire
que recamadas faldas
removieron, el grácil deslizarse
de las cinturas entalladas,
el parpadeo de los abanicos,
el centelleo de las invisibles
arañas.
Como un hálito encendido,
como una ausencia luminosa,
como una inspiración, cruza el misterio
por ámbitos que nunca han existido,
por fastuosas salas
que tal vez hayan existido,
por largos corredores con espejos
que es posible que existan
detrás de cada puerta.
(1998) De "Las edades del frío"
[FRENTE A MI ESTÁS...]
Frente a mí estás. Invades,
inauguras
un ámbito, un espacio
ya tuyo para siempre. Cada
postura, cada gesto adquiere
el temple de esa transparencia
que en este instante te protege.
Un espacio creado
para ti, que no existía antes
de tu llegada; superpuesto
a anteriores presencias en el mismo
lugar e impenetrable
a posteriores invasiones.
La tarde es
una plaza
con tilos y con pájaros y en este
mismo banco de mármol desgastado
se besaron antiguos
amantes; pero ellos
se llevaron su aire y es el tuyo,
el nuestro, el que desplazan nuestros
cuerpos,
y nuestra dicha es la primera,
y nuestro sitio es único.
(1998) De "Las edades del frío"
Cuando te
conocí
el tiempo no había llegado todavía;
el mundo no había llegado todavía;
tu llanto no había llegado todavía.
La luz no era aún la luz y era
el despertar un tránsito
de claridad a claridad y todo
era una nada densa y envolvente
unos momentos antes
de la creación.
Después, como un derrumbe,
como un alud de realidad,
como una ola de conciencia, vino
la materia a campar por sus dominios.
Y vino el tacto y la desesperanza.
Hablo de cuando no existía el
universo.
Cuando te conocí
tu cuerpo no había llegado todavía.
(1998) De "Las edades del frío"
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